miércoles, 18 de octubre de 2017

Lo que arde y lo que no arde, de Suso de Toro

Estos incendios desnudan a un político que lleva años paseándose por desayunos y televisiones madrileñas vendiéndose como buen gestor: la catástrofe demostró que al frente de la Xunta no había nadie

Meses sin esa lluvia tan denostada en esta época en que hemos interiorizado que la economía y la vida misma es estar en una tumbona al sol, y además un viento cálido y seco, favorecen el momento en que estalló una ola de incendios que desbordó a una administración desidiosa. Pero eso no explica por qué ocurren en ese lugar y no en otro.
Si vemos el mapa de la península observaremos que el frente incendiado dibuja un mapa, lo que deberíamos llamar “triángulo eucalipteiro” pues Portugal, Galicia y Asturias, extendiéndose ya por Santander, es el territorio colonizado por la explotación exhaustiva del suelo como plantación de eucalipto (curiosamente, desde un punto de vista histórico es el territorio de la antigua Gallaecia o del reino suevo). Portugal, tras los incendios del verano pasado, ya ha tomado la decisión de cambiar su política forestal para corregir ese monocultivo. Para explicar ese monocultivo del eucalipto, una planta pirófita que no sólo sobrevive al fuego sino que se beneficia del él para extender su dominio, habría que hablar de ENCE, la planta de celulosa en el interior de la ría de Pontevedra. Una instalación que afecta al presente y al futuro de la ciudad y de la ría pero que, además, está determinando toda la política forestal de la Xunta cada vez que gobierna el PP, es decir casi siempre. ENCE es cierto que da trabajo a la plantilla pero deja la carga de contaminación en Galicia y está domiciliada en la Castellana en Madrid, pero es una de las empresas amigas del PP y sirve para lucrar a cargos de ese partido como Isabel Tocino o Carlos del Álamo.
Los costes económicos y sociales de las temporadas de incendios podrían ser ignorados por una política casi siempre irresponsable y antisocial pero como crea situaciones tan dramáticas inevitablemente se transforma en instrumento de lucha política y quien menos escrúpulos tiene lógicamente le saca más partido. Hace diez años, gobernando la Xunta una alianza PSOE y BNG presidida por el socialista Pérez Touriño, Núñez Feijóo no tuvo empacho en fotografiarse con una manguera de jardín haciendo como que apagaba fuego y declaró: “con nosotros no moría gente en los incendios y, con ellos, cuatro personas”.   Diez años después y ya gobernando   exige que la oposición no haga críticas   aunque  han muerto otras cuatro personas y los daños son tan enormes.
Realmente esos incendios desnudan a un político que lleva años paseándose por desayunos y televisiones madrileñas vendiéndose como buen gestor, la catástrofe demostró que al frente de la Xunta no había nadie. Tardó cuatro horas en contestar a la demanda de ayuda. La radio y televisión públicas gallegas cuando ya habían muerto dos personas y ardía buena parte del país rodeando la mayor ciudad de Galicia, Vigo, emitían una deportes y la otra una serie de policías y ladrones. Ni siquiera el día después el Gobierno autonómico había sido capaz de coordinar los recursos locales existentes. Un vacío político absoluto, una ineptitud que cuando la radio y televisión gallegas reaccionaron llenaron con sucesivas comparecencias de Feijóo y sus conselleiros sin decir más que tonterías y acusaciones al mal tiempo, a Portugal y a unos terroristas que se sacaron de la manga.
Sin hablar de la privatización que hizo Fraga en Galicia de los servicios contra incendios, ni de como Feijóo quince días antes licenció a 436 brigadistas contratados para ello, a pesar de las advertencias desde la oposición.
Pero esos incendios también desnudaron la realidad de la política española, mientras el Gobierno de Rajoy transformó un conflicto político que debería ser resuelto por métodos democráticos en una especie de tragedia histórica la realidad es que las administraciones central y autonómica controladas por el mismo partido son incapaces de proteger al país y a los ciudadanos. Y esa ineptitud acompaña a la utilización de los recursos del Estado, miles de policías y guardia civiles que en vez de para prestar un servicio público se utilizan para mantener amenazada a la población desarmada en Barcelona. Inútiles y patéticos.
Pero no tendrán solución los incendios de cada año si no hay una verdadera política no sólo forestal, sino de país.   Galicia, el país de los mil ríos, es un territorio enormemente variado y complejo tanto orográficamente como en su población dispersa. Aunque en los últimos ochenta años ha habido un cataclismo demográfico, un desplazamiento de población del campo a la ciudad y un proceso de urbanización radical, sigue siendo un territorio que no es uniforme y con muchos intereses contrarios, un sistema complejo que si no se organiza es un caos. Como es el caso. En Galicia, para que sea una sociedad viable, falta un proyecto global y colectivo de país y una dirección política, eso tendría como uno de sus principales objetivos hacer un plan de organización del territorio, que nunca se hizo.   Y algo que es evidente, el abandono de la agricultura por parte del poder político. La agricultura y ganadería como formas de vida, como recurso y como forma de ocupación del territorio fue olvidada, despreciada y condenada a sobrevivir sin apoyo ni protección gracias al puro esfuerzo de las familias que tuvieron y tienen que competir en mercados abiertos.
Y volvemos a lo mismo que vemos cada día y sobre todo en días de crisis como estos, Galicia tiene ocupas en la administración pero no son verdaderos gobernantes, sirven a intereses ajenos a los de su población y crean un gran vacío político. Un vacío que sirve para que continúe la desidia y el expolio. Los incendios sólo son una erupción momentánea del nihilismo que respira el país.
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ADEMÁSNuestros árboles.  5 horas · Oxford, England, United Kingdom ·
Os dejo un video interesante, con el que creo, todos estaremos de acuerdo. Los ecosistemas ibéricos están adaptados a soportar incendios naturales y a regenerarse. Los monocultivos de eucaliptos de origen australiano, no, ya que nuestros suelos no disponen de insectos ni microorganismos adaptados a descomponer su materia orgánica de forma eficiente y además desecan el suelo. Con eso no quiero decir que no hayan sido provocados y que no haya culpables. 

http://www.farodevigo.es/multimedia/videos/gran-vigo/2017-10-17-130800-fueron-eucaliptos-responsables-oleada-incendios-vigo.html

¿Por qué este bosque de Vigo sobrevivió a los incendios?

2017-10-17  23:13:19 -
Un vecino de Coruxo muestra en un vídeo cómo una zona verde de bosque autóctono se salvó de las llamas...

Fuego, mentiras y plantaciones de eucalipto, de Xosé Manuel Pereiro

Preguntas y respuestas sobre los incendios en Galicia: ¿Cuántos incendios hay?, ¿Quién o quiénes queman? ¿Por qué está ardiendo? Xosé Manuel Pereiro A Coruña | 16 de Octubre de 2017

“Vamos a hacer las cosas bien. Y desde luego, tengo la esperanza de que Dios y Santiago nos van a ayudar”. El 21 de noviembre de 2002, en plena marea negra del Prestige, Manuel Fraga, presidente de Galicia, comparecía en público por primera vez, ocho días después de haberse producido. El actual Gobierno de la Xunta ―el presidente, Alberto Núñez Feijóo, fue entonces designado vicepresidente― tiene algo más de reflejos a la hora de comparecer, y quizá algo menos de confianza con las autoridades divinas, pero sigue dependiendo, como entonces, de que los cielos le resuelvan la papeleta. En este caso de los incendios que asolan Galicia en este mes de octubre, y sobre todo, el domingo negro, el día 15 y la madrugada del lunes. Cuatro personas muertas, cientos de viviendas desalojadas ―entre ellas aldeas enteras―, casas y granjas quemadas, miles de hectáreas arrasadas ―posiblemente nunca sepamos con certeza cuántas― y árboles centenarios carbonizados.  
¿Cuántos incendios hay? 
Depende no de cómo se mire, sino de cómo se cuenten. El domingo se llegaron a producir alrededor de centenar y medio. Toda cifra que se pueda dar ahora no valdría a la hora en que ustedes lo lean. Según la información oficial (tengan presente lo de oficial) de la Consellería de Medio Rural, a las 10,30 del lunes, había 32 incendios activos, 17 de ellos en “situación 2” (peligro para bienes y personas), 4 estabilizados, 11 controlados y 5 extinguidos. Pero solo se contabilizan los de más de 20 hectáreas, es decir, los que cercaron Vigo, o los que se produjeron en plena ciudad que obligaron a desalojar 400 viviendas ―según el Ayuntamiento, estaban activos por la mañana 6 focos― no aparecen en la estadística. Por si no tienen claro cuánto son 20 hectáreas, en vez de pasarlo a la medida campo de fútbol, quizá sea más útil saber que hay distritos (la circunscripción de gestión forestal en Galicia. Hay 19) en los que pueden pasar veranos sin que se produzca ninguno de esa extensión. Depende del tipo de cultivo y de la ordenación territorial.
¿No son raros incendios en octubre?
En cuatro meses en Galicia puede crecer de todo, y pese a lo verde que pueda parecer, la maleza que se ha acumulado desde la primavera no tiene la humedad necesaria, y la tierra tampoco. Los manantiales no se abastecen. Estos días se ha dado el fatídico factor 30: más de 30º de calor, vientos de más de 30 kilómetros por hora y humedad de menos del 30%. O se han rozado: en Baiona, la madrugada del sábado una tuitera se escandalizaba de estar a 24º. No es el primer “otoño caliente”, nunca peor dicho, y si éste lo está siendo no es precisamente por sorpresa. 
¿Por qué arde Galicia?
La respuesta correcta es porque plantan fuego, pero eso intentaré contestárselo después. La pregunta tendría que ser también por qué arde/queman bosques en Portugal –de ahí importamos los incendios, según Alberto Núñez Feijóo― otras zonas de España, Italia, Grecia… 
A. Demasiado combustible. Galicia arde porque la vegetación es omnipresente y hay una enorme masa forestal. El 48% del territorio son bosques, que aportan el 45% de la producción española. Pero sobre todo porque el monte está a monte, como aquí se dice. Es decir, dejado no se sabe si de la mano de dios, pero desde luego sí de las del hombre. La despoblación del rural, primero por la emigración a Europa y después a las ciudades, y más recientemente, por las directrices pactadas con la UE, hace que los jabalíes lleguen al entorno de las ciudades. Un terreno no habitado/cultivado arde más, porque vale menos y porque no hay gente para reducirlo en cuanto se produce. El hecho de que los cuatro fallecidos superasen los 70 años es revelador de quien queda en el campo, o en el entorno aldeano periurbano no residencial.
B. Los eucaliptos. Esta planta que trajo de Australia un benedictino de Tui en el XIX, con las mejores intenciones, es ahora el más abundante en los montes gallegos. Tanto que puebla el doble de la superficie que tenía en 1986, y no es que de cien hectáreas haya pasado a doscientas. Este árbol, un auténtico yonqui del agua, ocupa (recuerden el “ocupa”) 425.000 hectáreas de bosque. El Plan Forestal de Galicia, que data de 1992, establecía como previsión 245.000 hectáreas… para 2032. La responsable del área ha argumentado que era “una estimación”, no una obligación, y que la Xunta ya no promueve la plantación de eucaliptos desde hace dos décadas (hasta entonces, en algunos casos, desbrozaba el terreno y lo plantaba gratis et amore).
Desde 2012 (aquí viene el “ocupa”) la Ley de Montes sí prohíbe plantar eucaliptos en terreno agrícola, en los márgenes de los ríos, en la proximidad de las casas y limitaba su presencia en zonas de Red Natura y en áreas de especial interés paisajístico (un 10% del territorio). Pueden comprobar el cumplimiento de la ley en su propia casa, con Google Earth o incluso con Google Street.  
Lo malo del eucalipto es que no depende del ser humano para expandirse ―o sí, pero no de forma legal―. Es un un árbol pirófito o pirófilo, los que se ven beneficiados de alguna forma por el fuego. Es muy combustible, las llamas contribuyen a expandirlo, y sobre todo, eliminan la competencia. Por esa razón, pese a que uno de cada dos incendios en España se producen en Galicia, las autoridades se ufanan en asegurar que la superficie arbolada crece. Se encargan de ello las llamas. El eucalipto, pese a Fray Rosendo Salvado, el monje de Tui, era un árbol residual en Galicia, más propio de jardines y ornato urbano, hasta que en 1957 se plantó ―en todas las acepciones― la planta de Ence en plena ría de Pontevedra. ENCE es un grupo español que es el segundo productor mundial de pasta de celulosa y primer propietario de plantaciones de eucalipto de Europa. En su consejo de Administración está una exministra de Medio Ambiente (Isabel Tocino) y un exconselleiro del ramo (Carlos del Álamo). La factoría, condenada por diversas infracciones medioambientales (y eso que el olor no es delito ni falta), y advertida de traslado por diversas administraciones finalizaba su concesión en 2017. El pontevedrés Mariano Rajoy utilizó discrecionalmente sus poderes de presidente en funciones para renovársela. Para finalizar, a raíz de los incendios de Pedrogão, en los que murieron 64 personas al comienzo de este verano, el gobierno de Portugal estableció una moratoria en la plantación de eucaliptos. Inquirido al respecto sobre una medida similar, el presidente gallego, con su demostrada habilidad de soslayar el fondo de los asuntos, contestó que aquí no se podrían producir situaciones semejantes. Tomando buena nota, las celulosas portuguesas decidieron expandirse allende la frontera, Galicia y Zamora, sobre todo.
C. Lo demás. No solo arden eucaliptos, claro. También otras especies. Asimismo, el fuego ha sido un sistema de creación de pastos tradicional, pero ahora lo practican más los masais que los gallegos. Otra causa puede ser para que salgan a la luz los marcos. No los que traían los emigrantes en Alemania, la mayoría volatilizados en la privatización de las cajas, sino las piedras que dividen las propiedades, ya difícilmente indistinguibles de por sí, y que ahora están cubiertas de maleza. Si tienes unas propiedades y los árboles no te dejan ver sus límites, el fuego lo resuelve. Agotado lo antropológico (sobre todo porque hasta comienzos de los 70, que era cuando el campo estaba habitado, no se producían apenas incendios), queda el sospechoso número uno: el urbanismo. Quizá en otras partes, el interés por construir en Ancares o Xurés es, desgraciadamente nulo. La nueva normativa prohíbe la recalificación de terrenos quemados, excepto que antes del fuego fuesen objeto de planeamiento, entre otras excepciones. Y no todo lo que se construye se hace precisamente de forma legal, claro. Es más, en el informe de la fiscalía superior de Galicia de 2006 (el único intento serio de la justicia por establecer las causas de incendios, y que coincidió con el bipartito PSdeG-BNG), no solamente se concluía que la intencionalidad era inferior a la que se creía (del 87% se bajaba al 60%) y tampoco se descubrió que obedeciese a motivaciones económicas como madereras o urbanísticas. El fiscal, Carlos Varela, matizaba que, sin embargo, “no se descartaba que en un futuro puedan aparecer indicios de lo que hoy se descarta”.
¿Quién o quiénes queman?
Esta mañana telefoneé a mi aldea, la sede del clan, para ver cómo estaba la cosa. “Bien, de momento no ardió nada, aunque no se respira con la ceniza”, me contestó un vecino, “pero como venga ‘o tolo’ estamos arreglados”. No se refería a un “loco” concreto, sino a cualquiera que prendiese fuego. Cuando, con la confianza que dan las redes sociales, escribir algún reportaje desplazado, o la de, en alguna ocasión, ser miembro del Gobierno, se critica la presunta omertà que reina en el campo, se olvida que una cosa es presumir, o incluso saber con certeza, quien prende, y otras tener pruebas para acusar a alguien con el que te cruzas a diario. Sin esa traba, en Vigo señalaron a los ocupantes de una moto negra, cuya matrícula se facilitó en redes. Los dos motoristas pasaron por comisaría, hasta que se determinó que no tenían ninguna relación con los incendios que asolaban la ciudad.
El informe del fiscal Varela establecía que la mayoría de los incendiarios eran gente mayor, algunos con problemas de alcoholismo o inestabilidad mental. A mí me parece que esa sería la misma estadística que haría un león ―vamos, una leona― sobre las gacelas que caza: viejas, lisiadas… Es decir, es la estadística de aquellos a quien se pudo detener. Ancianos que no sopesaron el peligro a la hora de quemar rastrojos, o sus fuerzas para controlar el fuego (hay bastantes casos de muertes en ese momento), borrachos con el mechero alegre… Es más difícil detener a alguien que va plantando velas o artefactos incendiarios con retardo (basta con un cigarrillo, cerillas y cinta aislante) que no provocarán el fuego hasta que esté en su casa o en la taberna comentando la jugada.
Lo que parece claro es que, pirómanos y amantes del espectáculo de la extinción ―que los hay, y la difusión de imágenes los motiva―, lo lógico es que quien planta fuego lo haga por un beneficio económico, sea para sí o por encargo. La teoría del brigadista es la más extendida: lo importante es que no falte trabajo. Y en este sentido, hay fanboys de la autoridad que señalan a los cerca de 500 trabajadores antiincendios no renovados como los culpables de la proliferación (en este año, en todo caso, claro). Pero un brigadista cobra tanto si está en su casa como si está arriesgando el pellejo en un incendio. Y el contingente de trabajadores se fija en el plan anual, no depende de si arde más o menos (lo que no deja de tener su aquel, la verdad). Lo que sí es cierto es que han sido detenidos miembros de dispositivos antiincendios (uno este mes y algún otro en veranos anteriores).
No se saben (no se han dado a conocer), sin embargo, los motivos por lo que los incendiarios plantan fuego. Y hay testimonios de personas ―mismo en programas de televisión― a las que les han ofrecido dinero por prender lumbre. En el caso que me contaron, remuneración según resultados.
Quizá no sean precisamente los brigadistas los que más dependan de que haya fuego. Según contaban un agente forestal Xosé Arca y un miembro de una brigada helitransportada, David Iglesias a la web Quinteiro do Umia, hace años los trabajadores antiincendios estaban contratados por la Xunta, fijos que fuera de la temporada de fuegos, hacían trabajos de desbroce y limpieza, y otros discontinuos que reforzaban en la temporada de incendios. Cuando el bipartito, en 2005, adjudicó esos trabajos a Seaga. La vuelta del PP al poder supuso que los trabajos de prevención y extinción se fueran externalizando. “Yo tengo compañeros que antes tenían 40 obras [de limpieza y desbroce] en una comarca. Ahora no está abierta ninguna”, decía Arca. También que fuesen los ayuntamientos los que contratasen trabajadores, cada uno con los criterios que quiera, una fuente obvia de clientelismo en lugares donde las principales aportaciones del PIB son las pensiones de los viejos.
La parte del león del gasto no la llevan los hombres que combaten las llamas con apagafuegos. Los servicios aéreos también han sido progresivamente externalizados. El dispositivo de este año cuenta con 25 helicópteros (sobre 6.000 euros la hora). Y después está el aprovechamiento de lo ardido: la madera quemada tiene menos valor, pero lo tiene, y si está quemada, tiene que venderse sí o sí, con lo que una razón para incendiar también es remover el apalancamiento de los propietarios de bosques. O vendes o vendes (por menos).
Motivaciones las hay múltiples. Lo que parece más raro es que haya tramas organizadas (excepto que, además de estar muy bien organizadas, sean lo suficientemente extensas como para quemar Portugal, Galicia y Asturias, por no salir de la costa atlántica de Península). Lo de “los terroristas” lo dejamos para la parte política.
¿Gestión, politización?
El domingo a media tarde, twitter se llenaba de impotencia. Cientos de personas, sociedades, empresas, alertaban de incendios y pedían medios. El dispositivo que siempre se anuncia bombo y platillo al comienzo del verano resultó ser insuficiente. O ineficiente. “Los trabajos de prevención programados para el año 2017 todavía sin hacer, la mayoría de las casetas de vigilancia de incendios cerradas, las brigadas de extinción en casa o bajo mínimos, distritos con la mitad de los agentes forestales que había hace diez años...174 millones de euros en 2017 convierten a Galicia en el territorio de Europa que más dinero invierte en la extinción de incendios. ¿Dónde está la prevención? ¿Dónde el cuidado de nuestros montes? ¿Dónde entierran el dinero? Aviones, helicópteros, asistencias técnicas, el ejército, técnicos que hacen de emisoristas, aviones no tripulados, guardia civil a caballo, policía montada, multitud de cargos de libre designación con la administración forestal más politizada de la Unión Europea…” Este panorama lo pinta desde su whatsapp, desde Ourense, un trabajador forestal Xosé Santos Otero. Todas las fuentes sindicales del sector lamentan la inexistencia de un mando único, que produce una enorme descoordinación. “Una vez le pedimos agua para la motombomba a un camión cisterna de la UME [Unidad Militar de Emergencia]. Se lo tenían que consultar a un mando, y este a otro… Acabábamos antes yendo a cargar al río”, contaba el agente Xosé Arca. La situación de descontrol, y no solo por la gente luchando con sus propios medios, recuerda enormemente otro fiasco del Estado: el Prestige.
Lo recuerda porque, además de la gestión, la información es otro caballo de batalla. La innovación comunicativa de Feijóo fue sustituir la información en tiempo real de todos los fuegos activos por la difusión, intermitente, de los incendios que únicamente superasen las 20 hectáreas. Así el ciudadano no se sobresalta sin necesidad. Sin embargo, cuando pasa lo del domingo, el ciudadano pasa a ser advertido por todos los medios públicos y concertados que “Galicia sufre un ataque mortal de los terroristas que queman el monte”. En esas informaciones, que una de las dos autovías de acceso a Galicia tuviese que ser cortada, con vehículos atrapados en túneles, tenía misma relevancia tipográfica o de tiempo que la polémica por dos desafortunados tuits de Pablo Echenique y Albano Dante Fachin. Menos mal que están las hemerotecas. “Es indigno culpar de los fuegos a la sociedad civil” y “Con nosotros no moría gente en los incendios, y con ellos, cuatro personas”. Lo decía Alberto Núñez Feijóo, jefe de la oposición, en 2006.
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OTRA COSA: ¿Deben participar los niños en actos politicos?

Tribunal Supremo archiva querella contra Manuel Moix por no investigar la trama del Canal

 

Una asociación le acusaba de encubrimiento tras una denuncia de vecinos por el campo de golf en Vallehermoso. 16/10/2017 

https://www.infolibre.es/noticias/politica/2017/10/16/el_supremo_archiva_querella_contra_moix_por_no_investigar_trama_del_canal_70741_1012.html 

 

La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha archivado las actuaciones que inició a raíz de la querella que la asociación Contratrama presentó contra el exjefe Anticorrupción Manuel Moix por ignorar en 2007 una denuncia sobre el campo de golf en terrenos del Canal de Isabel II cuya gestión se concedió a familiares del expresidente autonómico Ignacio González, hoy en prisión por el caso Lezo.

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OTRA COSA: Cinco mil mujeres israelíes y palestinas: "parlamento" de Mujeres Activas por la Paz

 

  

martes, 17 de octubre de 2017

Semillas del actual yihadismo, de Juan Goytisolo

Ana Galán Vigo ·   20/8/2017       
Una visión histórica en la palabra de . Por si a alguien se le ha olvidado.
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15 FEB 2016   Los atropellos de los años noventa en Chechenia, Afganistan, Argelia o Bosnia y la difusión a golpe de petrodólares del fundamentalismo wahabí son el germen de los conflictos que ahora azotan a Oriente Próximo, Magreb y África subsahariana. Juan Goytisolo
https://elpais.com/elpais/2016/02/04/opinion/1454578106_367227.html

Uno. Mis viajes de corresponsal de este periódico a Sarajevo (junio de 1993, enero de 1994 y agosto de 1995), Argelia (marzo 1994) y Chechenia (julio 1996) me procuraron una experiencia de primera mano de la incipiente fractura entre el mundo islámico y Occidente cuyas consecuencias vivimos hoy. Si el inicio del proceso de radicalización de las sociedades musulmanas se remonta a 1979 (año de la proclamación de la República Islámica de Irán tras la caída del Sha y de la desastrosa intervención soviética en Afganistán), sus manifestaciones más patentes se produjeron en la siguiente década (ascensión del FIS en Argelia, golpe de Estado que abortó su victoria electoral en 1992, y desmembramiento el mismo año de la Federación Yugoslava, que encendió la mecha de la guerra interétnica y el sitio de Sarajevo).
Por estas fechas asistí a la emergencia de los futuros movimientos yihadistas, fruto de la frustración creada por la política de no intervención de la ONU en la “limpieza étnica” en Bosnia; por las brutalidades del régimen argelino en respuesta a las del Grupo Islámico Armado (no una guerra civil sino una guerra contra los civiles por parte de ambos bandos); y el genocidio ruso en Chechenia. La radicalización previsible de las víctimas y de los correligionarios que acudían a socorrerlas venía cantada y la yihad global de Al Qaeda no me sorprendió en exceso. 
Otros artículos del autor: Las utopías del pasado  -  ¿Qué literatura ante el horror?  -  Cómo poner fin a la barbarie

Las semillas sembradas en dicha década por tales atropellos y la difusión a golpe de petrodólares del fundamentalismo wahabí iban a germinar en las zonas conflictivas de Oriente Próximo, Magreb y África subsahariana: esa guerra asimétrica de Occidente contra el terrorismo yihadista tanto en Siria, Irak, Libia, Afganistán y el Sahel como en el interior de sus propias fronteras. Conviene recordar que el horror vivido el 13-N en París lo experimentan a diario sirios, iraquíes y afganos que buscan refugio en Europa a través de Turquía y los Balcanes. La islamofobia desatada por los atentados y la llegada masiva de refugiados al interior del espacio Schengen coloniza hoy los medios informativos en unos términos que culpabilizan a los veinte y pico millones de musulmanes europeos y ahondan la fractura abierta entre estos y el resto de la población.
El Frente Nacional francés y sus equivalentes en la mayoría de Estados europeos (España es por ahora una feliz excepción) son paradójicamente aliados objetivos del Daesh en su designio de apuntar a aquellos con el dedo y de encerrarlos mentalmente en guetos en el interior de sus sociedades. De este modo, los que constituyen una ínfima minoría en el colectivo musulmán encuentran un terreno abonado para su propaganda nihilista: la de presentarse como una alternativa viable a ojos de quienes se sienten discriminados por el discurso social dominante. Retrospectivamente, verificamos que cuanto germinó en la década de los 90 del pasado siglo llama ahora a nuestras puertas y no se prevé su fin.
La crisis de los refugiados ahonda la brecha entre los inmigrantes musulmanes y el resto de la población
Dos. Cuando viajé a Chechenia en 1996 conocía en la medida de lo posible los dos siglos y pico de lucha del pueblo checheno para preservar su independencia —cinco guerras además de su deportación masiva al gulag por orden de Stalin— gracias a los libros de Baddeley, La conquista rusa del Cáucaso, Bennigsen, El sufí y el comisario, y los trabajos de Hélène Carrère d´Encausse acerca de las cofradías sufíes y su resistencia tenaz primero a la Rusia zarista y luego a la soviética, pero sobre todo por mi lectura asidua de tres grandes autores de la literatura rusa del siglo XIX: Puschkin, Lérmontov y Tolstoi. Por aquellas fechas, según pude verificar personalmente por mediación de Osmán Imáiev, ex fiscal general de la República de Chechenia, proclamada en 1991 por Dzhajar Dudáiev aprovechando el derrumbe de la URSS, y en cuyo domicilio en la aldea de Kularí me alojé pocos días antes de su desaparición definitiva por obra de los servicios de seguridad rusos, los combatientes que participaron en la ceremonia ritual sufí pertenecían a la cofradía qadirí que, como en tiempos de Shamil y de Kunta Hadji, luchaban por la independencia de su país contra su enemigo secular.
Tras el aplastamiento de la rebelión chechena por el zar Putín y el establecimiento del virreinato de su siniestro protegido Ramzán Kadírov, la guerrilla chechena se ha deslocalizado y se extiende esporádicamente por el norte del Cáucaso mientras más de cuatro mil miembros de ella, radicalizados por la represión sangrienta de la que de nuevo son objeto, se han alistado en las filas del autoproclamado califato islámico de Abu Bakr al-Bagdadi en virtud de unos sentimientos magistralmente descritos por Tolstoi en Hadji Murat en su descripción de los atropellos y barbarie de sus compatriotas en tiempos del zar Nicolás I.
Tres. Mi experiencia de Argelia, sumida también en una espiral de violencia que se cobró más de 150.000 víctimas, fue de otro orden. No había bombardeos ni línea de frente como en Sarajevo y Chechenia sino asesinatos de uno y otro bando en la capital y matanzas de civiles en las zonas cercanas a la misma. En mi recorrido por aquella no tropecé con ningún otro europeo, posible blanco de los islamistas radicales por su condición de Kafir, esto es, infiel, y lo hice fundido en el paisaje: había dejado de afeitarme diez días antes del viaje y caminaba acompañado de tres jóvenes miembros arabófonos de la Unión de Escritores que conversaban conmigo en el dialecto local en las calles de Belcourt, Bab el Oued y la Kasba, feudos del FIS (Frente Islámico de Salvación) y escenario de la llamada entonces “segunda batalla de Argel” (la primera fue contra el colonizador francés).

El mesianismo del Daesh conserva su poder de atracción: el retorno a una pureza primigenia
El poder opaco que desde Bumedián gobierna Argelia guardaba un silencio cómplice ante los asesinatos de intelectuales y el terror impuesto ya por el GIA (Grupo Islámico Armado), ya por las escuadras parapoliciales, y expresé lo mejor que pude el desamparo de la población en la serie de artículos titulados Argelia en el vendaval. La violencia se apagó gradualmente al final de la década y hoy día tan solo grupos residuales de Al Qaeda en el Magreb islámico actúan de forma esporádica en connivencia con los yihadistas que campean en Libia y el Sahel. Pero la frustración acumulada tras tres mandatos del ahora invisible Buteflika, protagonista a pesar suyo del clásico Reinar después de morir, no invita al optimismo.
El mesianismo apocalíptico del Daesh conserva en todo el Magreb su mefítico poder de atracción: el del retorno ideal a una pureza primigenia que otorga el glorioso estatuto de mártir a quienes se sienten despreciados por los “poderes arrogantes” que rigen los Estados árabes. Los millares de yihadistas magrebíes que combaten en Siria dan testimonio de dicho incentivo y de la seducción de su escatología mirífica. Pensar que cuanto ocurrió en la década de los 90 no iba a pasarnos factura equivale a vivir en otro planeta.

Euskadi invierte 500 millones de euros en prestaciones sociales, casi el 40% de todo lo que se gasta en España

El gasto anual por habitante asciende a 223 euros frente a los 19 de Madrid, los 23 de Cataluña o los seis de Valencia. 15/08/2017 - http://www.eldiario.es/norte/euskadi/Euskadi-invierte-millones-prestaciones-Espana_0_676132609.html

Manifestación en contra de los recortes en la RGI
Manifestación en contra de los recortes en la RGI



La Renta de Garantía de Ingresos (RGI) se ha convertido en una seña de identidad de la comunidad autónoma y una de sus banderas del estado de bienestar. Los expertos coinciden  en que gracias a la implantación de esta prestación social (garantizada por ley). El camino recorrido por Euskadi con la RGI ha tenido poca continuación en el resto de España (salvo Navarra), que en la actualidad es el país de la UE que menos dinero destina en conjunto a este concepto. En cambio, la RGI vasca es equivalente a los sistemas de protección más avanzados que pueden encontrarse en otros países europeos. En la actualidad, el Gobierno vasco está enfrascado en una reforma para que el sistema siga siendo sostenible, aunque las críticas le han llegado desde varios sectortes sociales por entender que trata de endurecer el sistema.
A nivel nacional, la RGI vasca fue el primer modelo de rentas míni­mas que se instauró y posteriormente se fueron desa­rrollando el resto de sistemas autonómicos. Los diferentes modelos muestran una gran heterogeneidad y diversidad. Solo hay que ver el dato del gasto anual por habitante en este programa para darse cuenta de la diferencia que hay entre Euskadi y el resto de comunidades. Por ejemplo, ese gasto es de 223,06 euros en el caso vasco (con datos de 2015) frente a los 99,75 de Navarra (que es la segunda que más invierte), los 18,87 de Madrid (que triplica en población al País Vasco), los 23,23 euros de Cataluña o los 6,45 euros de Valencia.
El estudio comparativo sobre las características de las prestaciones de garantía de ingresos en las comunidades autónomas elaborado por el Centro de Documentación y Estudios  refleja que en 2015 Euskadi gastó 488 millones de euros en la RGI (incluida la Prestación Complementaria de Vivienda), casi cuatro veces más que Madrid. En conjunto, Euskadi invierte casi el 40% de todo lo que se gasta en España en prestaciones sociales, con un peso de menos del 6% sobre el total de la población española y, además, con una de las tasas de pobreza más bajas de todo el territorio. La RGI contribuye, según los expertos, a que los niveles de pobreza no se hayan disparado como en otras comunidades durante la crisis.
Con relación a la cuantía, una unidad convivencial formada por una sola persona percibe 634,97 euros. La cantidad va en aumento en función del número de miembros de la familia hasta alcanzar un máximo de 1.047 euros en el caso de seis personas.  A estas cantidades hay que sumar el complemento de vivienda si la persona titular tiene que pagar un alquiler o un préstamo. Este complemento se sitúa en 250 euros.
Tanto el gasto como el número de personas perceptoras han mostrado un incremento exponencial a lo largo del tiempo. En 2000, había 13.000 personas perceptoras. A finales de 2009, eran 48.449; y en la actualidad, la cifra se acerca a las 63.000.
La duración de la prestación es ilimitada. Se concede por un período de dos años, renovable con carácter bienal mientras se mantengan las causas que dieron origen a la ayuda y se sigan cumpliendo las condiciones, económicas o de otra naturaleza.
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OTRA COSA:   ¿Un precariado forzadamente narcisista?, de German Cano



Un juez reconoce por primera vez como accidente laboral un ataque de ansiedad

9 de Octubre de 2017 https://www.elindependiente.com/economia/2017/10/09/juzgado-eibar-reconoce-la-ansiedad-accidente-laboral/

Es el mal que afecta a un elevado número de trabajadores cada día: la ansiedad. Desde ahora puede ser considerada un “accidente de trabajo” más. Así al menos lo ha reconocido el Juzgado de lo Social número 1 de Eibar (Guipúzcoa) quien ha resuelto que el ataque de ansiedad sufrido por una trabajadora de la sanidad pública vasca, Osakidetza, estuvo provocada por un exceso de carga de trabajo y por tanto merece la consideración de accidente laboral (...)
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OTRA COSA: Recorrido por Bolarque, Entrepeñas, La Desembocadura del Jaramama, de Agustín Yanel 



"Soy inspector de Barcelona y sí, se adoctrina en los colegios"

16 oct. 2017 - QUICO ALSEDO. Barcelona

"Desde hace décadas se promueve una concepción identitaria excluyente, la catalanización, con la inmersión lingüística, o más bien imposición lingüística, con el catalán como única lengua vehicular y de comunicación en los centros. También con contenidos ideológicos de carácter nacionalista. Hay un adoctrinamiento identitario excluyente consustancial al sistema educativo prácticamente desde que se transfirieron las competencias de educación."
http://www.elmundo.es/cataluna/2017/10/16/59e3ae1a46163f94488b4640.html

AÑADIDO a las 19h. COMENTARIOS RECIBIDOS:

Antònia Pons Está mintiendo descaradamente.

Merce Ramon Mateu · Amigo(a) de Antònia Pons  Tot el que diu és mentida.

Mercè Puigtió Yo diria que en los colegios se habla mucho mas castellano que catalán, pero por suerte pueden estudiar dos idiomas y tres si contamos el inglés, que tambien se enseña. Este sr que dice que es inspector que diga a que colegio ha ido... o es que es de los que odia a los catalanes??
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OTRA COSA:  Mi casero me sube un 40% y tengo que desprenderme de 5.000 libros